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    jueves, 20 de octubre de 2016

    LOS SACRIFICIOS HUMANOS EN EL TEMPLO DE MELKART


    Por: Juan Antonio Cerpa Niño

    La biblia denomina cananeos a los habitantes de esta franja costera; de raza semita, los cananeos no parecen ser los primeros habitantes de la zona, sino que proceden de una zona de emigraciones semíticas que quizás comenzaran a partir de la expediciones  militares de Sargon en el tercer milenio y de la creación del estado Akkadio. Sin embargo los habitantes de Biblos, que ya mantenían un comercio con Egipto desde varios siglos antes, no soportaron ninguna invasión semita. Lo más probable es que la población de la costa libanesa se hallase muy mezclada desde tiempo atrás pero con clara preponderancia de los semitas.

    En cuanto al nombre, los cananeos se autodenominaron Kinachu, empleando la lengua Akkadia, ya en el segundo milenio. La época homérica es la que utiliza por vez primera el término Phoenix, que pasará al latín en forma de Phoenices con la que los romanos denominaron a los fenicios. Así pues, mientras que los fenicios nunca se denominaron como tales, sino como cananeos, los griegos les bautizaron por su cuenta con el nombre con el que le conocemos hoy, aludiendo sin duda a la rama cananea que mantuvo su independencia y desarrolló las ciudades comerciales de la costa.

    Los fenicios adquieren verdadera entidad histórica pasada la segunda mitad del segundo milenio antes de nuestra era; su ciclo llegará en Oriente hasta que las tropas de Alejandro Magno asalten Tiro, pero en Occidente perdurará en la ciudad de una de sus colonias: Cartago. Su historia termina con la caída del imperio cartaginés ante los embates de Roma, en el 146 antes de nuestra era.

    Como pueblo, comenzarán a extender se influencia por medio del comercio y la colonización a partir del 1200 a.C., época en la cual comienza la historia fenicia. Esta es la razón de que su panteón y sus cultos fuesen básicamente cananeos, aunque también hubo influencias en su religión de otros pueblos (egipcio). Fruto de sus contactos con distintas áreas del Mediterráneo, donde iban los colonizadores trasmitieron las creencias religiosas de la Fenicia de origen.

    Su dios Baal, fue sustituido en cada ciudad por nuevos apelativos debido al fraccionamiento político de Fenicia a inicios del primer milenio, así es conocido por Baal Hammon en Cartago, Eshum en Sidón, Adonis en Biblos, Elum en Berito y Melkart en Tiro.Es en honor a este último por el que se levanta, en las primeras incursiones tirias, el santuario a Melkart en el entorno a actual islote de Sancti-Petri en San Fernando (Cádiz).

    Los navegantes procedentes de Tiro establecieron la colonia de Gadir y eligieron para ello el extremos sur de la gran isla gaditana. La erosión marina ha separado el Área del templo de la isla primitiva, convirtiéndola en el actual islote, sonde no se conserva más que las ruinas de una fortaleza moderna. El Templo de Melkart llegó a convertirse en uno de los santuarios más importantes del mundo antiguo y su divinidad alcanzó una extraordinaria difusión, especialmente durante el alto imperio romano.

    El templo debía tener como elemento principal un gran recinto o área sagrada, dentro de la cual estaría el edificio propiamente dicho, con las puertas de bronce decoradas y las restantes reliquias y altares. Había allí dos pozos, uno de ellos de agua dulce, cuyo régimen de caudal era inverso al de las mareas, fenómeno estudiado directamente por el geógrafo griego Posidonio. Debido a al origen oriental del culto, no existía una imagen del dios en el templo, sino solamente los altares destinados a los sacrificios.

    Quizá sea este, el sacrificio, el elemento esencial de la religión fenicia. Conservando el antiguo sentido cananeo, el ofertante fenicio sacrificaba generalmente ganado mayor y menor, pájaros  ofrendas de grano, aceite, leche, vino, etc. Pero también realizaba sacrificios humanos.

    El sacrificio de primogénitos era ya una practica antigua. Quizá debe remontarse a mediados del III milenio y los fenicios no lo suspendieron. La mayor parte de los restos de las incineraciones aparecidas en Salambó (Cartago),entre otros muchos lugares, demuestran que un 80% no superaba los dos años de edad, aunque no faltaban victimas de mayor edad; se han encontrado en las urnas de los sacrificios las pruebas de que habían sido entregados al fuego purificador, niños incluso de 12 años.


    El ritual consistía en la entrega al sacerdote por parte de los padres de su hijo, este llevaba al niño en sus brazos ocultándolo de la vista de los presentes en el momento del preciso golpe de cuchillo. Cuando se incinera el cuerpo, la música y la alegría del pueblo redimido con el sacrificio anulaban los gritos desconsolados de los padres, mientras su hijo se reunía con la divinidad. No debemos llevarnos ninguna sorpresa ni considerar por ello que la religión fenicia era especialmente sangrienta, pues ni siquiera los griegos habían perdido por completo esta práctica en el siglo IV a.C. Según Diodoro, los niños continuaban siendo quemados en aquella época en sacrificios rituales.

    Aunque los nombres de Tanit y Baal desaparecen después de la caída de Cartago en el 146 a.C., ambos sobreviven bajo los nombres de los dioses romanos Juno Caelestis y Saturno.Los sacrificios humanos cesaron por completo, aunque es posible que siguiesen realizándose en secreto.
    Hasta la fecha, no han podido localizarse restos de estos sacrificios  en nuestro templo, su existencia puede ser dada como segura ya que las diferentes colonias fenicias de occidente, han aportado una amplísima documentación en cuanto a restos de amplios recintos en los cuales eran depositados los huesos calcinados de niños y, en ocasiones de pájaros y otros pequeños animales.
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