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    viernes, 21 de octubre de 2016

    TARTESSOS Y LA INFLUENCIA FENICIA DE GADIR

    Durante muchos miles de años, las ciudades antiguas durmieron bajo densas capas de tierra, con sus antañas orgullosas murallas derruidas por las destrucciones y el tiempo, y sus dirigentes sepultados en tumbas.Sobre aquellas tinieblas, bajo la luz del sol, la vida continuaba, las gentes iban y venían, y las civilizaciones conocían su cenit y su ocaso.Con el paso de los años, otras ciudades aparecieron sobre las ruinas y, a su vez, se hundieron en el olvido.


    Después, miles de años más tarde, los hombres empezaron a excavar a través de las capas de tierra y de ruinas, hasta llegar a las ciudades y abrirse paso hacia un lejano pasado de leyendas, héroes y misterio.

    Los escritores y científicos siempre han soñado en lograr dar un vistazo al pasado, e incluso visitarlo.Pero los miles de años transcurridos antes de que el hombre escribiera sistemáticamente los sucesos de la vida cotidiana se hallaban aparentemente perdidos para nosotros hasta que la arqueología se convirtió en ciencia.
    Desde luego, no existe una máquina del tiempo que nos lleve a los primeros días de la civilización, ni siquiera una que nos permita observar lo que hacia la gente de aquellas épocas. No obstante, las técnicas arqueológicas que se han ido perfeccionando son lo más cercano que existe a tan fantástico invento.

    La raza humana siente curiosidad por sus inicios.Es uno de tantos rasgos que nos distinguen de los animales. Como miembro de la raza humana, deseamos poseer un sentido de continuidad, una línea directa a través de toda la historia. Sabiendo como se desarrollaron nuestras costumbres, políticas y religiones, lograremos aprender más acerca de nosotros mismos.

    Formamos una especie inquisitiva, interesadisíma en saber de donde venimos y es muy posible que  un estudio de nuestros orígenes nos ayude a comprender adonde vamos. Por consiguiente, los hombres siguen registrando los lugares del mundo que habitaron los pueblos antiguos.

    La historia antigua nos ha legado una serie de relatos acerca de hechos heroicos y conquistas fabulosas. Unos personajes sobrehumanos hollaron la tierra, se mezclaron con los dioses y realizaron grandes proezas. Sus nombres nos son familiares: Hércules, Aquiles, Ulises y muchos otros.Surcaron los mares, derrotaron a los gigantes, y fundaron ciudades. Sus nombres resaltan en las leyendas dramáticas que datan de un tiempo en que el hombre empezaba a ampliar sus dominios y trataba de controlar el mundo en que vivía.



    En el siglo IV a.C., el historiador griego Herodoto recopiló muchos de estos relatos épicos y trató de averiguar si se basaban en la realidad. La mayor parte de leyendas se referían a ciudades que ya en aquellos tiempos habían desaparecido. Herodoto recorrió el pequeño mundo de su época, visitando antiguos lugares, tomando notas y elaborando sus observaciones y deducciones. En realidad, fue unos de los primeros arqueólogos, y sus escritos, estudiados siglos más tarde, proporcionaron algunas de las primeras pistas que conducirían a las fabulosas ciudades de leyenda. El llamado "padre de la Historia" tiene a los fenicios como los inventores del alfabeto y, cabe añadir que las descripciones de Herodoto, que fueron con frecuencia puestas en duda por los historiadores modernos, han experimentado a través de los años una brillante confirmación.

    Volviendo sobre el título del presente artículo, realizaremos una breve incursión en unos de los temas más fascinantes de los últimos años: Tartessos.

    El mito de Tartessos, poderoso y enigmático reino de Andalucía, sigue apasionando a los amantes de la Historia de España. Y seguirá apasionando aún más cuantos más trabajos se sigan realizando sobre su misteriosa formación y desaparición. Si su ubicación ya resultara sumamente problemática para los antiguos, para nosotros será harto difícil por no decir imposible que lleguemos a localizarla. Bien es cierto, que el número de yacimientos de época Tartésica han aumentado considerablemente y ello nos da pie para conocer bien lo que fue aquella civilización, aunque la supuesta capital siga siendo un enigma.

    El investigador alemán Shulten, consagró cincuenta años de su vida a las investigaciones arqueológicas en España. Él fue quien sacó a la luz la heroica ciudad de Numancia que durante siglos permaneció sepultada, y el que despertó el interés de la legendaria Tartessos. Convencido de que en alguna parte de las marismas existentes junto a la desembocadura del Guadalquivir, dormía una de las ciudades más ricas y misteriosas de la Antigüedad. Y ante la gran cantidad de coincidencias existentes, no vaciló en afirmar que la supuesta ciudad de Tartessos, si es que en realidad existió, se hallaba enclavada en la desembocadura del río Betis.



    Sabemos que todas las fuentes conocidas llevan a la conclusión de que aquella civilización estaba situada en el suroeste de España, o sea, en lo que hoy conocemos como Andalucía, región que ya desde las épocas más primitivas, con raíces que llegan al tercer milenio a.C., a la cultura megalítica, fue no sólo la más rica y fértil de la Península Ibérica, sino incluso del mundo conocido.
    Pero ¿cuando se forma estructuralmente Tartessos?.Posiblemente con el impacto colonizador. Mientras que en Oriente las regiones se organizan en Estados cada vez más desarrollados y entran en una nueva fase histórica, los pueblos de Occidente siguen sumidos en el Neolítico o en los primeros albores de la Edad del Bronce.

    Cuando los fenicios, después de unas incursiones precedentes en busca de prospeccionar metales, fundaron Gadir en el año 11oo a.C., sabían perfectamente lo que buscaban en Occidente y lo que hacían ubicándose en un lugar estratégico con características ideales para guarnecerse de posibles ataques locales. Así, el indigenismos megalítico recibió el choque colonizador que vino a producir una rápida elevación del nivel de vida de esta población autóctona.Estos cambios culturales permitieron que toda la zona se adaptase a la nueva cultura metalúrgica de los nuevos conquistadores aumentando las riquezas de ciertas poblaciones indígenas que potenciaron la creación de estructuras políticas y como consecuencia la aparición de monarquías localistas.

    Entre los siglos IX-VI a.C., las poblaciones del sur de Portugal y de toda Sierra Morena fundieron plata y otros metales, como cobre y estaño procedente de las Casitérides (islas gallegas) en grandes cantidades, para proporcionarlos a los fenicios asentados en las costa e intercambiarlos por aceite, telas y productos de lujo (perfumes, joyas, piedras preciosas, marfiles, etc.).

    En Tartessos debía haber una gran cantidad de talleres, que trabajaban el metal en lingotes y objetos manufacturados, diseminados por todo el sur y que copiaban los modelos recibidos de Oriente, como se desprende de la gran cantidad de joyas y objetos de bronce y plata. Posiblemente, Gadir fuera, el centro productor más importante de estos objetos, que tuvieron tan gran aceptación entre las poblaciones autóctonas.
    Los fenicios de Gadir, bien asentados, fueron haciéndose con el control de las rutas y de las zonas mineras, lo que provocaría el estrangulamiento de Tartessos, con el lógico enfrentamiento entre ambos pueblos donde los tartesios sufrieron severas derrotas. Cartago, interesada en poner orden en la zona, acaba con los intentos griegos de penetración comercial destruyendo muchos yacimientos ibéricos en el siglo IV a.C.

    Por lo tanto, la formación de Tartessos, corre paralela con la llegada de los fenicios a Gadir, que al recibir los influjos de una potencia organizada contribuyó a crear las condiciones necesarias para ello. Y así, por las mismas circunstancias que surgió, debió desaparecer, y el poderoso reino terminaba su paso por los campos de la historia entrando en el mundo fantástico del mito.

    Los hallazgos arqueológicos a través de los años: el cántaro de Valdegamas, el tesoro del Carambolo, el bronce de Carriazo, los aderezos de la Aliseda y otros muchos más, manifiestan la fuerte presencia fenicia, los bronces, las joyas, la cerámica, los dioses, la agricultura y otros aspectos demuestran esta acción colonial en la civilización Tartésica. De todos modos, a la arqueología le queda mucho más que decir en este sentido. Será  preciso, por tanto, un tiempo de espera.

    Por: Juan Antonio Cerpa Niño
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