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    martes, 14 de febrero de 2017

    Lezetxiki y Atapuerca: hermanos de sangre

    En la imagen, de izquierda a derecha, Joxean Muñoz, Concepción de la Rúa y Jesús Altuna, con el húmero hallado en el yacimiento de Leztexiki en 1964 y otros restos de diferentes especies de mamíferos.

    La cueva de Lezetxiki, en Arrasate-Mondragón (Gipuzcoa), contiene uno de los yacimientos más importantes de la península Ibérica con restos de la población neandertal. Aunque las primeras exploraciones de la cueva se produjeron a finales de los años 1920s, el yacimiento no se excavó de manera sistemática hasta los años 1950s por José Miguel de Barandiarán. El hallazgo más conocido no llegaría hasta el mes de agosto de 1964, cuando la excavación ya era dirigida por Barandiarán y Jesús Altuna. El húmero humano encontrado en el nivel más profundo del yacimiento se encuentra en unas condiciones de conservación admirables. También se localizaron un primer molar superior y un primer premolar inferior, cuya morfología es indistinguible de la de los neandertales. Por descontado, cientos de piezas de industria lítica musteriense y de fósiles de diferentes especies completan un registro excepcional de finales del Pleistoceno Medio y del Pleistoceno Superior. Álvaro de Arrizabalaga y María José Iriarte-Chiapusso dirigen las excavaciones desde mediados de los años 1990s.

    El húmero fue estudiado con gran detalle por José María Basabe y publicado en la revista Munibe en 1966. Basabe atribuyó el húmero a una población anterior a los neandertales clásicos del Pleistoceno Superior, aunque en esa época el yacimiento solo contaba con datos biocronológicos. El contexto arqueológico del nivel más bajo del yacimiento era compatible con esa atribución. Poco antes de acercarse el 50 aniversario del hallazgo del húmero, el centro Goaz, del Gobierno Vasco, manifestó su interés en un nuevo estudio de los restos humanos de Lezetxiki, contando con los consejos y la dirección de la Dra. Concepción de la Rúa (Universidad del País Vasco). El debate taxonómico sobre el húmero se centraba en su atribución bien a la especie Homo heidelbergensis bien a Homo neanderthalensis. La datación del húmero era decisiva, dado que la primera de ellas se considera antecesora directa de los neandertales.

    En 2014, al cumplirse el 50 aniversario del hallazgo, el geocronólogo Rainer Grün, de la Universidad de Griffith (Australia) obtuvo y publicó un dato de 164.000 años para el húmero de Lezetxiki mediante la aplicación del método de las series de uranio, con un error muy bajo de ±9.000 años. La fecha coincide muy bien con el contexto, por lo que el resultado es muy fiable. Todos esperamos que algún día pueda obtenerse ADN de este húmero. Sería una noticia extraordinaria.
    En mi opinión, la atribución taxonómica del húmero de Lezetxiki no depende de esta fecha, sino de otras cuestiones relacionadas con el escenario evolutivo de la Europa del Pleistoceno. Las características morfológicas del húmero, así como las de los dos dientes, son prácticamente idénticas a las de los homininos de la Sima de los Huesos de la sierra de Atapuerca (430.000 años). El estudio de ADN nuclear de estos humanos de Atapuerca reveló en 2016 que los orígenes de los neandertales en Europa pueden llegar hasta los 600.000 años, fecha asignada a la mandíbula de Mauer. Así que si se decide seccionar el linaje de los neandertales en dos tramos: H. heidelbergensis - H. neanderthalensis, el problema reside en dónde situar la línea temporal que distingue a estas dos “cronoespecies”. Aunque los neandertales clásicos del Pleistoceno Superior tengan diferencias apreciables en el neurocráneo con sus ancestros del Pleistoceno Medio, esas diferencias no son suficientes como para pensar en una diferenciación formal a nivel taxonómico (con criterios biológicos).

    En mi opinión, la utilización de especie Homo heidelbergensis (nombre con el que Otto Schoetensack bautizó la mandíbula de Mauer en 1908) fue una solución razonable para designar a la especie antecesora común de los neandertales y los humanos modernos. Pero las investigaciones paleogenéticas han mostrado que no son compatibles con esa solución. Recordemos que en 2014 los restos de la Sima de los Huesos fueron justamente excluidos de Homo heidelbergensis y esperan una decisión razonable sobre su nueva atribución taxonómica. Sea cual fuere, el húmero y los dientes de Lezetxiki estarán irremediables asociados a esa decisión, dada la similitud morfológica y la proximidad geográfica entre Lezetxiki y Atapuerca. La distancia temporal entre la Sima de los Huesos y el nivel más bajo del yacimiento de Arrasate (260.000 años) no parece ser tan importante.

    Fuente: quo.es | 2 de febrero de 2017
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