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    miércoles, 11 de abril de 2018

    ¿Qué sucedió hace 430.000 años en la sierra de Atapuerca?

    Nuestro compañero Rolf Quam atraviesa un paso estrecho para alcanzar la boca de la Sima de los Huesos. Foto de Javier Trueba.

    La semana pasada conocimos un artículo publicado por la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, USA (PNAS), liderado por Charles P. Egeland (Universidad de North Carolina at Greensboro). En este trabajo se utiliza un algoritmo, que permite discernir posibles causas para la deposición de restos humanos fósiles en diferentes yacimientos. A pesar de que los autores analizaron 16 yacimientos de distintas épocas, centraron sus conclusiones en dos de ellos: la Cámara Dinaledi (Sudáfrica), donde se siguen recuperando restos fósiles de la especie Homo naledi, y la Sima de los Huesos de la sierra de Atapuerca, donde también se siguen recuperando restos fósiles de una especie estrechamente relacionada con los neandertales. Se trata de dos yacimientos extraordinarios, con un registro fósil de homininos fuera de lo común. En el caso de la Sima de los Huesos, el número de restos se acerca a los 7.000, todos ellos pertenecientes a un número mínimo de 28 individuos de edades comprendidas entre los 10 y los 40 años, aproximadamente.

    Desde el inicio de las excavaciones sistemáticas en la Sima de los Huesos, allá por el año 1984 (tras el hallazgo en 1976 de varios restos humanos por el equipo dirigido por Trinidad de Torres), se han propuesto hipótesis alternativas para explicar una acumulación de restos tan extraordinaria. Estas hipótesis han tropezado siempre con dos circunstancias, una de ellas insalvable. El yacimiento fue expoliado en parte desde los inicios del siglo XX. Lo que se llevaron y lo que destrozaron las gentes que se jugaron la vida bajando hasta el fondo de la cavidad es difícil de estimar. Pero alteraron para siempre la composición del conjunto de fósiles que el yacimiento guardaba celosamente desde hace unos 430.000 años. Por descontado, este dato ha sido ignorado en el análisis que presentan los autores del trabajo publicado en la revista PNAS. Estos autores no solo desconocían esta información, sino que jamás han estado en la Cueva Mayor de la sierra de Atapuerca. Y, muy probablemente, tampoco han pisado en la mayor parte de los 15 yacimientos restantes.


    Otro dato no menos interesante del yacimiento de la Sima de los Huesos es su ubicación en el fondo de una cavidad ciega, de 14 metros de caída libre en vertical y otros 14 metros en rampa inclinada. Nunca se ha encontrado otro posible acceso que no sea el de la propia boca de la Sima de los Huesos. En la actualidad, para llegar a este lugar es necesario recorrer casi 1.000 metros de distancia por vericuetos y pasos estrechos. Todo un misterio. La dinámica de las cavidades cársticas es compleja y muy posiblemente el antiguo acceso a la Sima de los Huesos ha desaparecido para siempre. Todo ello ha sido un hándicap importante para entender la acumulación de los 28 cadáveres.
    El algoritmo presentado en la revista PNAS es un procedimiento matemático construido por la mente humana, al que no se le puede dar toda la información. Sencillamente, es imposible. El algoritmo trabajará con algunos datos objetivos obtenidos de la literatura científica, publicados por los investigadores de cada yacimiento. Pero siempre faltará información y las reflexiones que esos investigadores han realizado durante décadas, después de un trabajo ingente en condiciones muy complejas y arriesgadas.

    En el caso del yacimiento de la Sima de los Huesos existen una serie de evidencias, que han de ser tenidas en cuenta. Por ejemplo, es muy posible que todos los individuos pertenecieran a una misma población. Sus similitudes anatómicas son muy evidentes, al punto de que en más de una ocasión se han confundido las piezas dentales de diferentes individuos. A pesar de ello, no es posible saber con certeza si fallecieron en un intervalo muy pequeño de tiempo o durante varias semanas, meses, años… La gran mayoría de estos individuos estaban en plena edad reproductora, por lo que la acumulación es de tipo catastrófico (no atricional: fallecimientos continuados en el tiempo). Si fue así, entonces los 28 individuos murieron en un intervalo muy corto de tiempo, instantáneo desde el punto de vista geológico. Otros datos apuntan a la muerte violenta de algunos de los individuos. El propietario/a del Cráneo 17 pudo fallecer por el impacto violento de un objeto, que le perforó el cráneo en dos ocasiones. Se tiene que seguir investigando sobre los golpes recibidos por otros individuos ¿Una especie de batalla entre grupos rivales?

    Al fondo de esa cavidad llegaron cadáveres completos y no huesos sueltos. Su descomposición ocurrió una vez que se acumularon en la cavidad. La presencia de un hacha de mano muy particular (Excalibur) junto a los cadáveres es simplemente una evidencia circunstancial. Pero esa presencia tiene que ser explicada. He tenido que escuchar explicaciones tan simples y grotescas como que “se le cayó del bolsillo” a alguno de los humanos allí acumulados.

    Juan Luis Arsuaga siempre dice una frase que encierra mucha miga: “la formación de un yacimiento tan excepcional ha de tener una explicación también excepcional”. Puesto que se trata de hacer ciencia y no de adoptar posturas dogmáticas, las investigaciones sobre la acumulación de cadáveres en la Sima de los Huesos se han encaminado a buscar información que pueda refutar o rechazar las hipótesis planteadas por miembros del equipo y por científicos ajenos al proyecto. Por el momento, la acumulación antrópica no ha podido ser rechazada, ni siquiera por el algoritmo que se presenta en el artículo recién publicado en PNAS, como los propios autores del trabajo reconocen. Así que esa hipótesis se tiene que mantener. No se trata de afirmar de manera incontestable que los cadáveres fueron acumulados de manera intencionada por otros humanos. Eso sería dogmatismo, tan alejado de los planteamientos científicos.

    Aunque una idea se publique en una revista de prestigio, no deja de ser una propuesta, que ha de ser contrastada. Cierto es que la mayoría de los seres humanos hemos sido educados en una serie de creencias y tendemos a ser “creyentes”: !!si determinada idea ha sido publicada en una revista tan prestigiosa como PNAS será una certeza!! Vamos muy mal si reaccionamos así. Es complicado entender lo que la significa la ciencia, excepto que nos beneficiamos de sus progresos. Como suele decir Eudald Carbonell, los científicos tenemos que ser “pensantes”. Por eso hay que insistir en que la ciencia carece de dogmas. Aunque la hipótesis de la acumulación antrópica en la Sima de los Huesos es la que tiene por el momento más posibilidades, nunca podrá decirse que estamos ante la verdad de lo que sucedió hace 430.000 años en la sierra de Atapuerca.

    Y ahora me permito recordar que los cadáveres acumulados en la Sima de los Huesos están indudablemente emparentados con los neandertales. El grado de parentesco forma parte de las investigaciones en curso. Se puede proponer para estos humanos una especie propia, aunque algunos/as se atreven a postular que estamos ante un grupo de neandertales arcaicos. Es sencillamente la constatación de que los homininos de la Sima de los Huesos tenían mucho en común con quienes enterraban a sus muertos, pintaban en las paredes de las cuevas y conocían técnicas que nos asombran por su similitud con las que hemos utilizados los miembros arcaicos de Homo sapiens. ¿Entonces?, ¿qué problema hay en aceptar a trámite la hipótesis de acumulación antrópica para los humanos de la Sima de los Huesos? ¿Por qué nos empeñamos en negar para otras especies humanas lo que nosotros consideramos como patrimonio de la nuestra? Abramos nuestra mente y reconozcamos, como dijo una vez Carl Sagan, que somos sencillamente “polvo de estrellas”.

    Fuente: quo.es | 10 de abril de 2018
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