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    martes, 3 de abril de 2018

    Una investigación arroja nueva luz sobre la migración humana prehistórica en Europa

    Doble entierro en Kargadur, ubicado en el condado de Istria, Croacia. Los restos esqueléticos se encuentran entre los 225 restos óseos analizados en un estudio sobre dos grandes migraciones en el sureste de Europa durante la prehistoria. Los resultados se han establecido en un documento titulado "Historia genómica de Europa sudoriental", publicado en la revista Nature. Crédito: Darko Komšo.

    Dos investigadores de la Universidad de Wyoming han contribuido con un nuevo estudio -en el que se analizado ADN de antiguos restos esqueléticos de personas del sureste de Europa- a determinar los patrones de migración en Europa durante la prehistoria.

    Ivor Jankovic (izquierda), profesor asociado, e Ivor Karavanic (derecha), profesor adjunto, ambos en el Departamento de Antropología de la Universidad de Wyoming, han llevado a cabo un nuevo estudio que se titula "Historia genómica del sudeste de Europa", y que se ha publicado en la revista Nature.

    "El estudio confirma que la región del sudeste de Europa fue un gran nexo y una zona de contacto genético entre Oriente y Occidente durante la prehistoria", dice Jankovic, quien trabaja a tiempo completo como director adjunto del Instituto de Investigación Antropológica de Zagreb, Croacia. "Dos importantes migraciones que pasaron por el sudeste de Europa fueron confirmadas por medio de estudios arqueogenéticos".

    La primera migración fue al comienzo del período Neolítico, 6.000 años a.C., cuando los primeros agricultores se extendieron desde Anatolia hacia Europa.

    La segunda migración se produjo durante los inicios de la Edad del Bronce (3.000-2.500 a.C.), cuando la llamada "población esteparia”, procedente de la estepa euroasiática, reemplazó a gran parte de la población anterior del norte de Europa.

    Los primeros agricultores del norte y el oeste de Europa pasaron por el sudeste de Europa con una mezcla genética limitada proveniente de los cazadores-recolectores, algo que ocurre cuando dos o más poblaciones previamente aisladas comienzan a hibridar entre ellas. Sin embargo, algunos grupos se mantuvieron mezclados ampliamente, pero sin el sesgo masculino de los cazadores-recolectores que prevaleció más tarde en el norte y el oeste, según se establece en el estudio. El sudeste de Europa siguió siendo un nexo entre Oriente y Occidente, con un contacto genético intermitente con la gente de la estepa hasta 2.000 años antes de las migraciones que reemplazaron a gran parte de la población del norte de Europa.

    "En algunos lugares, los cazadores-recolectores y los agricultores entrantes parecen haberse mezclado muy rápidamente", dice Iain Mathieson (izquierda), un genetista de la Universidad de Pensilvania y que es el primer autor del artículo. "Pero, en su mayoría, los dos grupos permanecieron aislados, al menos durante los primeros cientos de años. Los cazadores-recolectores, que habían estado viviendo en Europa durante miles de años, debieron haber sido un gran 'shock' cuando aparecieran estas nuevas personas, los agricultores, con un estilo de vida y apariencia completamente diferentes".
    Karavanic, profesor también en el Departamento de Arqueología de la Universidad de Zagreb, fue el director de las excavaciones arqueológicas del sitio Paleolítico / Neolítico de la cueva de Zemunica (Croacia), en la cual varios restos humanos fueron desenterrados y utilizados en el estudio. Los descubrimientos proporcionaron la información necesaria sobre el origen y antecedentes del objetivo de la investigación.

    Jankovic, junto con Mario Novak (izquierda), investigador asociado en el Instituto de Investigación Antropológica de Zagreb, participaron en el estudio bioarqueológico de las muestras de restos humanos empleados en el estudio.

    La intervención de Jankovic y Karavanic en este estudio comenzó a través de Novak, quien visitó la Universidad de Wyoming el año pasado para presentar una charla. Jankovic y James Ahern (derecha), ex jefe del Departamento de Antropología y ahora rector asociado de la misma Universidad, colaboraron con Novak en varias publicaciones anteriores.

    Antes de la llegada de la agricultura al sureste de Europa, hubo interacciones entre grupos de cazadores-recolectores divergentes, las cuales continuaron después de que llegara la agricultura. Después de la primera aparición de las prácticas agrícolas, a mediados del VII milenio a.C., la agricultura se extendió hacia el oeste a través de una ruta mediterránea y hacia el noroeste a través de la ruta del Danubio. La agricultura se estableció tanto en Iberia (Portugal y España) como en Europa central hacia el año 6.600 a.C.

    Los estudios de ADN antiguo han demostrado que la propagación de la agricultura en Europa estuvo acompañada por un movimiento masivo de personas estrechamente relacionadas con los agricultores del noroeste de Anatolia. Pero, casi todo el ADN antiguo de los primeros agricultores europeos proviene del centro y oeste de Europa, y solo los restos de tres agricultores mostraron que provenía del sureste de Europa, dice el estudio.

    Para comprender la dinámica de este proceso de migración, Jankovic, Karovanic, Novak, y muchos otros investigadores, contribuyeron al análisis de los datos de ADN antiguo proveniente del genoma de 225 restos esqueléticos de individuos que vivieron en el sureste de Europa y las regiones circundantes entre hace 12.000 y 500 años a.C. Estas áreas incluían la península de los Balcanes, la cuenca de los Cárpatos, norte de la estepa póntica y regiones circundantes.

    "Los resultados revelan la relación entre las migraciones, la mezcla y la subsistencia en Europa, y muestran que, incluso entre los primeros agricultores europeos, las personas difieren en sus ancestros, lo que refleja un mosaico dinámico de mestizaje entre cazadores y agricultores", dice Ron Pinhasi (izquierda), codirector del estudio y antropólogo en la Universidad de Viena, Austria.

    Si bien la investigación ha aclarado la historia genómica del sudeste de Europa desde el Mesolítico hasta la Edad del Bronce, los procesos que relacionaron a estas poblaciones con las gentes que viven hoy en día siguen siendo en gran medida desconocidos, se detalla en el estudio. Una dirección importante para futuras investigaciones será tomar muestras de poblaciones de la Edad de Bronce, la Edad de Hierro y los períodos romanos y medievales, y compararlas con las poblaciones actuales, a fin de comprender cómo ocurrieron estas transiciones poblacionales, según se afirma en el estudio.

    Fuente: University of Wyoming | 21 de febrero de 2018
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