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    viernes, 25 de enero de 2019

    Egipto y Escocia, en 'guerra' por una piedra que revestía la Gran Pirámide de Keops

    El conservador Daniel Potter con el fragmento de la pirámide. MUSEO NACIONAL DE ESCOCIA

    Basta una piedra para desatar una guerra. Más, si cabe, si la pieza en cuestión no es un canto cualquiera sino un fragmento del extraviado revestimiento de la Gran Pirámide de Guiza, la última de las siete maravillas del mundo antiguo. El anuncio del Museo Nacional de Escocia de exhibir en sus vitrinas la joya ha suscitado una respuesta airada e inmediata en la tierra de los faraones, especialmente sensible tras décadas de expolio.
    En declaraciones a EL MUNDO, fuentes del Ministerio de Antigüedades egipcio confirman que su departamento dedicado a la repatriación de objetos ha enviado ya una "petición al museo para que presente los documentos de propiedad y los certificados de exportación de la piedra arqueológica" y proporcione información sobre el procedimiento de salida de la pieza así como la fecha de inclusión en su catálogo.

    "Si se demuestra que fue obtenida de manera ilegal, se tomarán todas las medidas necesarias para recuperarla", advierte Shaaban Abdel Gawad, (izquierda), director de una sección que ha conseguido que miles de piezas arqueológicas regresen a casa en los últimos años en virtud de una ley promulgada en 1983 que prohíbe el tráfico de antigüedades y batalla con museos, casas de apuestas y coleccionistas en los tribunales y las embajadas en busca de la repatriación del vasto patrimonio egipcio.

    La pieza es uno de los tesoros que el Museo Nacional de Escocia, ubicado en Edimburgo, mostrará desde el próximo 8 de febrero en una nueva galería titulada El antiguo Egipto redescubierto. Con 54,6 centímetros de altura y 68,5 de anchura, la piedra pesa 298 kilogramos. Procede del revestimiento de la Gran Pirámide, el monumento de 149,98 metros de altura que desde hace 4.500 años se alza imponente sobre la meseta de Giza, a unos 20 kilómetros al suroeste de El Cairo.
    Desde el centro escocés explican que el bloque es uno de los pocos vestigios que ha sobrevivido de la capa que recubría la pirámide construida por el faraón Keops y el único que se halla actualmente fuera del país árabe. Una rara avis que una vez formó parte de la capaz exterior de piedra caliza blanca -extraída de la canteras de Tura, a unos 15 kilómetros de la necrópolis- que lograba que los lados aparecieran completamente lisos, muy lejos del estado actual.

    Vista del interior del Museo Nacional de Escocia.

    Su piel fue, además, pulida para que brillara bajo los rayos de sol. En total, en la construcción del que fuera lugar de descanso del faraón se emplearon 5,5 millones de toneladas de piedra caliza, 8.000 toneladas de granito transportadas desde Asuán -a 1.000 kilómetros de El Cairo- y 500.000 toneladas de mortero. Cifras de un símbolo de majestuosidad e ingenio hasta el que aún peregrinan millones de turistas cada año.

    Placa fotográfica tomada en 1865 por Charles Piazzi Smyth de la Gran Pirámide. © Royal Observatory Edinburgh CPS Archives.

    Desde Edimburgo, reivindican como lícita su pequeña porción. "Después de revisar todas las pruebas documentales en nuestro poder, estamos seguros de que somos dueños legales de la piedra y contamos con los permisos pertinentes y la documentación en línea con lo que era la práctica común entonces", señala a este diario una portavoz del museo.

    Grabado de la publicación de Charles Piazzi Smyth "Nuestra herencia en la Gran Pirámide", en el que se muestra algunas de las piedras de la cubierta todavía 'in situ' en la base.

    Su salida del país se remonta al siglo XIX, cuando la mayoría de las piedras de revestimiento habían sido retiradas -muchas se habían derrumbado como consecuencia de un terremoto en 1303- y reutilizadas en la construcción de otros edificios. Sólo unas cuantas permanecían a los pies de la pirámide.

    La piedra de la discordia llegó a Reino Unido en 1872, resultado de la labor de Charles Piazzi Smyth (izquierda), astrónomo real de Escocia. "La encontró Waynman Dixon, un ingeniero que trabajaba para Charles. La localizó entre los escombros que provocó la construcción de carreteras emprendida por el Gobierno egipcio en 1869", precisa el museo. Cuatro años antes, el astrónomo había comenzado a examinar la pirámide con el plácet del virrey de Egipto y el apoyo del servicio de antigüedades local. Una vez en suelo británico, la llevó hasta Edimburgo.

    Tras su desembarco en Escocia, fue expuesta en una vitrina elaborada ad hoc en la biblioteca del Observatorio Real de Escocia y la residencia de Charles. En 1955 fue donada a la colección nacional.

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