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    domingo, 27 de noviembre de 2011

    Una estalagmita permite datar el Arte Parietal de La Garma en 30.000 años



    La estalagmita analizada es la que cruza sobre el trazo del lomo de la cabra situada la parte superior.
    Nuevos sistemas de datación doblan la antigüedad de algunas pinturas de esta cavidad, que hasta ahora se las fechaba en el periodo de las de Altamira
    Teodoro San José / El Diario Montañés

    Los artistas rupestres que mostraron su inspiración sobre las paredes de la cueva de La Garma (Omoño, Ribamontán al Mar) frecuentaron aquella cavidad muchos miles de años antes de lo que venía señalándose en los libros de Historia. Se aceptaba que las pinturas eran coetáneas a las de Altamira, realizadas algo así como hace unos 15.000 años, pero las últimas investigaciones científicas han doblado la antigüedad. Ahora se tiene la certeza de que algunas imágenes de La Garma datan de hace entre 25.000 y 30.000 años. Y si se sabe es gracias a una minúscula estalagmita. O también estalactita, pues no crece en el suelo o en el techo, sino que surge sobre la pared.

    Resulta curioso, pero ha sido lo que en términos científicos se conoce como una concreción calcárea la que ha permitido retroceder el reloj y el calendario para situar en el tiempo a los autores de aquellas pinturas. Los investigadores se percataron de que en el lienzo de una de las paredes de La Garma, donde aparecen un uro y dos cabras, un depósito de cal atravesaba uno de los trazos, lo que les permitió analizar la referida estalagmita mediante el empleo de técnicas de datación. Manejaron la termoluminiscencia (basado en calor y luz a base de haces de iones) y, especialmente, la técnica denominada de series de uranio, un complejo método que compara las cantidades de uranio y torio presentes en la muestra.

    Y lo aplicaron a la estalagmita y a la roca que sirve de lienzo. No a la pintura. «Se analizó lo que estaba por encima y por debajo del trazo», explica Pablo Arias, catedrático de Prehistoria y uno de los directores de las excavaciones en aquella cavidad. «Un método indirecto», dice, «y aunque el del Carbono 14 hubiera sido más preciso, no se puede emplear para su datación dado que las pinturas que utilizaron aquellos artistas no tiene elementos orgánicos». Se trata de mezcla de óxido de hierro disuelto en agua y, en algún caso, calcita. Pero ningún resto biológico.
    La Garma tiene inventariadas más de medio millar de pinturas y grabados paleolíticos, sobre todo de animales, desde bisontes o caballos a uros o toros salvajes y ciervos, aunque también aparece el hombre, manos y signos primitivos. Pertenecen a distintos autores y periodos, si bien el reloj cronológico de los investigadores se había parado al fijar una antigüedad estimada de unos 15.000 años, la misma que para los artistas que pintaron Altamira.

    «Había cierto despiste en cuanto a su datación, pero el Magdaleniense era el límite aceptado para las pinturas de La Garma», indica Arias. «Ahora la medición geofísica es más precisa y se demuestra que pertenecen al estilo Gravetiense». Vamos, que se realizaron unos 150 siglos antes. Más o menos.

    De modo que aquellos artistas rupestres que dieron rienda suelta a sus creencias o a sus inquietudes artísticas y pintaron aquel conjunto con un uro y dos cabras sobre un panel de roca dentro de La Garma lo hicieron hace unos 30.000 años.

    «Esa datación y esos grabados, su expresión gráfica, dicen más del pensamiento individual y de la complejidad social y de pensamiento de las comunidades de entonces», a la que hasta ahora se la consideraba más primitiva. «Ayuda a dar otra imagen de cómo pensaban y se organizaban en esas sociedades», sostiene Arias.
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