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    sábado, 16 de junio de 2012

    Nautilus de ficción a realidad.


    Decir que el mar ejerce una fascinación enorme sobre los franceses es toda una obviedad. Ahí están las míticas gestas del regatista Éric Tabarly, y sobre todo el descubrimiento del mundo submarino para el gran público de la mano del inolvidable Jacques Cousteau.
    Julio Verne, otro famosísimo francés que no fue navegante, pero viajó con la imaginación para deleite de millones de lectores en todo el mundo, emplazó en el mar algunas de sus obras más famosas, como "Cien mil leguas de viaje submarino" (1870).
    Llevada al cine en múltiples ocasiones, tanto el personaje del Capitán Nemo como su futuristasubmarino Nautilus forman parte ya del imaginario colectivo. Más de 140 años después de la publicación de esa obra maestra de la literatura de ciencia ficción, otro francés llamado Jacques Rougerie está a punto de cumplir el sueño de Verne.
    El proyecto SeaOrbiter, iniciado conceptualmente hace casi 12 años en la mente del arquitecto Rougerie, es un buque parcialmente submarino que servirá como laboratorio para la exploración de los mares.
    Podéis pensar que se trata de otra utopía que jamás abandonará la fase de proyecto, pero lo cierto es que el SeaOrbiter es la pieza central del pabellón francés en la Expo 2012 de Yeosu, Corea del Sur. Todos los aspectos técnicos han sido resueltos. De hecho la fase de diseño industrial se completó hace poco, y se espera que el próximo mes de octubre comience la fase de construcción.
    Los 43 millones de dólares que costará su construcción se han conseguido gracias al apoyo institucional de varias empresas (Microsoft por ejemplo) y organismos oficiales cono la Agencia Espacial Europea.
    La estructura medirá 58 metros de alto, dimensiones similares a la del monumento a Colón a pie de las Ramblas barcelonesas. El 50% del barco permanecerá por debajo del mar, lo cual permitirá observar de forma permanente el entorno submarino. La idea es explorar el océano "desde abajo" durante largas temporadas, algo imposible hasta el momento.
    Los primeros interesados en embarcarse serán obviamente los científicos. Es fácil imaginar la fascinación que este futurista buque despierta entre biólogos marinos, oceanógrafos y estudiosos del clima.
    Para su diseño, el arquitecto Rougerie se inspiró también en el hábitat submarino Tektite usado por la eminente oceanógrafa Sylvia Earle en 1969, quien de hecho colabora con el proyecto SeaOrbiter.
    El astronauta francés Jean-Loup Chretien también ha brindado su apoyo y lo mismo se puede decir del anterior Administrador de la NASA Dan Goldin. La conexión espacial no acaba aquí, como he comentado antes, la Agencia Espacial Europea ha ayudado a desarrollar la tecnología necesaria para este ambicioso proyecto.
    Diseñado para cumplir los requerimientos actuales de sostenibilidad, el SeaOrbiter obtendrá la mayor parte de su energía de fuentes renovables, incluyendo solar, eólica y undimotriz.
    Una vez concluya su construcción, y como homenaje al punto de partida habitual de la expediciones del mítico Calypso de Jacques Cousteau, el buque se dirigirá a Mónaco.

    Fuente: yahoo.es



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