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    jueves, 3 de noviembre de 2016

    La Inmaculada perdida de Francisco Zurbarán


    Tras unos estudios de investigación sobre la obra de Zurbarán, el cuadro de  La Purísima concepción que existe en el museo del Prado, realizada por este pintor  y que estaba anteriormente en las esclavas concepcionistas de Sevilla no tiene que ser llamada Inmaculada Bandarán argumentando que la obra había sido descubierta gracias a José Sebastián y Bandarán.  La obra existía desde el año 1625/26, año en que fue pintada y pasó a ser  conocida como la Inmaculada de Montemolín. Obra que sin duda cuando llegó al convento de las esclavas de Sevilla no fue llamada así, puesto que no hay documentación que lo acredite y por supuesto no es razón para ser llamada por el apellido de Bandarán, sino por el nombre del pueblo extremeño. Este personaje fue teólogo, juez, censor, académico y secretario de la academia de bellas artes santa Isabel de Hungría en Sevilla. Demostró durante toda su vida una gran devoción a la Inmaculada.

    El hallazgo supuso un hito importante para Bandarán aunque por supuesto desconocía su procedencia. La obra se dio por perdida e incluso algunos tratadistas llegaron a decir que nunca se pintó.

    Este descubrimiento ha sido casual después de unos meses de investigación y gracias a las nuevas tecnologías en el Archivo Histórico,  donde hay varios documentos de haber pagado  y cobrado Francisco Zurbarán un cuadro que pintó para la parroquia siendo ya un maestro, y que en aquel momento se estaba componiendo de pintura y dorado el retablo de su altar mayor, motivo del encargo y que todo apunta a que sea la Inmaculada Concepción por ser titular de la parroquia.
    Este cuadro se dio a conocer con el ajuar que llevaba la marquesa de Puebla de Ovando cuando funda e ingresa en el convento como Celia Méndez avalada por el Cardenal Espínola, obra que posiblemente salió de la parroquia de Montemolín durante las desamortizaciones de Mendizábal o de Madoz y que después de pasar por varias manos fue a parar a las monjas concepcionistas y finalmente al museo del Prado.

    La primera puesta en valor y  restauración del cuadro se realizan en el museo de Bellas artes de Sevilla e instó a las monjas a que vendiesen el cuadro con el fin de pagar una nueva sede en san Lucar la Mayor.

    Según el informe de compra por El Prado,  se explica que fue una obra encargada por algún noble sevillano o por el ayuntamiento de Sevilla dada la exquisitez de la pintura, algo que es incierto, el cuadro fue encargado por el alcaide de Montemolín, el licenciado Juan Martínez Pizarro como se hace constar en su libro de cuentas del año 1627, destinada a la iglesia de la Purísima Concepción para su  retablo mayor, pudiendo ocupar la calle central de este retablo renacentista.
    El cuadro de incalculable valor presenta como novedad una simbología en sustitución de los ángeles, clara influencia de su maestro Pacheco en sus primeras obras, así quiso representarla el pintor en su primera época sin influencia de otros pintores marianos, radica su importancia por ser la primera Inmaculada conservada, realizada cuando  el pintor contaba con 25 años y encuadrada dentro de las vírgenes niñas, este cuadro posiblemente fue pintado de su vuelta a Llerena ( Badajoz) para hacer sus encargos extremeños, siendo Montemolín uno de los primeros.

    Por Rufino ARANDA FRUTOS, licenciado en Patrimonio Histórico Artístico
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