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    miércoles, 8 de febrero de 2017

    Arqueólogos afirman que el asedio al Monte Vindio de las Guerras Cántabras fue en Peña Prieta (Cantabria)

    Materiales militares de los campamentos romanos de Peña Prieta /Eduardo Peralta Labrador
    La épica del mítico episodio, cuya situación no estaba clara, cobra fuerza gracias a las prospecciones de un equipo liderado por Eduardo Peralta Labrador

    Durante las guerras cántabras, en el año 25 antes de Cristo, tras la derrota de las tribus cántabras a manos del ejército romano, los cántabros supervivientes buscaron refugio en el Monte Vindio, un lugar tan inaccesible por lo elevado que hasta los propios vencidos creían que antes subirían allí las olas del océano que las armas romanas, y donde, asediados por el hambre, los cántabros perecieron uno a uno hasta el último de inanición y frío.
    La épica del mítico episodio del asedio al Monte Vindio, un lugar cuya situación no está clara, cobra ahora plena fuerza gracias a las prospecciones arqueológicas desarrolladas por un equipo de arqueólogos, liderado por Eduardo Peralta Labrador (Dialnet), en los yacimientos de Castro Negro y Robadorio, situados al pie de Peña Prieta, en Vega de Liébana, que sitúan «muy posiblemente» esa batalla campal en los dos campamentos romanos localizados y estudiados por los expertos. No obstante, el director del proyecto precisó que para confirmar esta «atractiva hipótesis» será necesario ampliar los trabajos de búsqueda de nuevos campamentos romanos a las laderas de Peña Prieta correspondientes a León y Palencia.

    Fortificación de Robadorio frente a Peña Prieta / E. Peralta

    La intervención arqueológica, que han desarrollado 14 arqueólogos y ha sido financiada por sus participantes, se desarrolló entre finales de agosto y finales de octubre del año pasado y sus primeras conclusiones fueron presentadas este martes por el consejero de Cultura, Ramón Ruiz; el alcalde de Vega de Liébana, Gregorio Alonso; el director del equipo, Eduardo Peralta, y uno de sus miembros, el arqueólogo José Ángel Hierro (Blog Proyecto Mauranus).

    Entre los hallazgos más importantes destacaron una moneda acuñada hacia el año 28 antes de Cristo en Calagurris (Calahorra) antes de la gran campaña de Augusto y sus generales contra cántabros y astures, y piezas de enganche del pilum romano similares a las encontradas en campamentos augústeos en Alemania y en el campo de batalla de Kalkriese, en la Baja Sajonia.
    Pero también se han recuperado numerosas piezas de equipamiento militar romano relacionado con la acampada, como clavijas y regatones de poste de las tiendas de campaña, que indican que la ocupación del campamento romado fue temporal y durante una campaña de verano. También se ha encontrado armamento, como una punta de un proyectil de catapulta, las aspas de enganche, una punta de lanza, regatones y otros elementos característicos del calzado militar romano como numerosas tachuelas de las 'caligae' claveteadas, además herramientas. Todos estos elementos se entregarán al Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria (Mupac) para su restauración, según señaló Peralta.

    El campamento romano de Castro Negro, situado entre las juntas vecinales de Barrio y Vega, en Vega de Liébana, fue descubierto por el arqueólogo José Ángel Hierro y ha sido el principal objetivo de la intervención arqueológica. Situado a 1.962 metros de altitud, está situado a 1.962 metros de altitud y ocupa 10,5 hectáreas, dimensiones que revelan que tuvo que corresponder a una legión romana con tropas auxiliares. La presencia de dos puertas con clavícula interna, un elemento característico de los castros militares romanos de campaña entre mediados del siglo I a. C. y comienzos del siglo II después de Cristo, prueba «el indudable carácter campamental romano de este recinto fortificado».
    Los arqueólogos han documentado topográfica y fotográficamente la estructural del campamento, tanto sobre el enclabe como desde los montes vecinos. Ya dentro del recinto han realizado una prospección electromagnética con detectores de metales en las zonas con menor cubierta vegetal.

    Fortificación de Robadorio frente a Peña Prieta / E. Peralta

    El otro yacimiento estudiado, que fue descubierto hace algunos años por el montañero Manuel Valle Gómez, se encuentra en el Alto de Robadorio a 2.219 metros de altitud, en la divisoria entre Cantabria y León (Ayuntamientos de Vega de Liébana y Boca de Huérgano) y a los pies de la ladera norte de Peña Prieta y el Cubil del Can. De planta subrectangular oavalada, ocupa una hectárea, lo que refuerza la entidad del yacimiento, que los expertos consideran ya como un castellum romano o un castra minora. En esta prospección los arqueólogos han recuperado bastantes tachuelas romanas de 'caligae' que confirman el «indudable carácter militar romano» del enclave fortificado de Robadorio, vinculado al cercano campamento legionario de Castro Negro.

    Los investigadores creen que Castro Negro pudo albergar «una legión o parte de una legión con sus auxiliares», lo que implica que está relacionado con «algún episodio bélico de cierta entidad vinculable a alguna campaña de las Guerras Cántabras». Según sus conclusiones, ambos yacimientos aporta un nuevo testimonio de «gran entidad» de cómo fue la ocupación del territorio de los cántabros por el ejército romano y de la «intensidad de este esfuerzo militar de las legiones para controlar por completo la complicada orografía norteña como único medio para dominar a los cántabros». Además, los trabajos arqueológicos sitúan estos campamentos romanos en el periodo de las Guerras Cántabras del embajador Augusto y de sus legados, desde el año 25 antes de Cristo en adelante.

    Sobre el despliegue militar romano a los pies de Peña Prieta, los arqueólogos cultivas dos hipótesis. La primera de ellas es que «formaron parte de un dispositivo de control de todos los pasos de montaña de entrada a Liébana y otra, mucho más sugerente, la relacionan con el famoso episodio del Monte Vindio donde los cántabros vencidos en batalla campal a los pies de las murallas de la colina de Bergida, perecieron de hambre y frío.

    Consuelo de la Peña / El Diario Montañés

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