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    domingo, 5 de febrero de 2017

    Un estudio demuestra que los pueblos de Asia oriental no han cambiado genéticamente en 8.000 años


    Foto: Cráneo de una mujer de 7700 años de antigüedad, cuyo ADN muestra que está estrechamente relacionada con los actuales siberianos del Este.

    La composición genética de ciertas poblaciones modernas del Lejano Oriente ruso se parece mucho a la de sus antepasados cazadores-recolectores, según restos de hace 8.000 años hallados en una cueva.

    Un estudio, publicado en Science Advances, ha sido el primero en obtener datos del genoma nuclear de la antigua Asia continental y comparar los resultados con las poblaciones modernas.
    Los resultados han indicado que no hubo interrupción migratoria importante o "rotación de la población", durante más de siete milenios, por lo que algunos grupos étnicos contemporáneos comparten una notable similitud genética con los cazadores de la Edad de Piedra que una vez recorrieron la misma región.

    La gran "continuidad genética" en el este de Asia está en marcado contraste con la mayor parte de Europa occidental, donde las migraciones continuas de los primeros agricultores de oriente reprimieron a las poblaciones de cazadores-recolectores. Esto fue seguido por una ola de jinetes procedentes de Asia Central durante la Edad del Bronce. Tales eventos fueron probablemente impulsados ​​por el éxito de las tecnologías emergentes como la agricultura y la metalurgia. La nueva investigación ha mostrado que, al menos para la parte de Asia oriental, la historia es diferente, con poca interrupción genética en las poblaciones desde el periodo Neolítico temprano.

    Foto: Vista de la situación de la cueva denominada 'Puerta del Diablo'.

    A pesar de estar separados por una vasta extensión de historia, tal circunstancia ha permitido una excepcional proximidad genética entre los pueblos Ulchi de la cuenca del Amur, cerca de donde Rusia limita con China y Corea del Norte, y los restos de antiguos cazadores-recolectores que descansaban en una cueva cercana a la tierra de los Ulchi.

    Los investigadores han sugerido que la magnitud de Asia oriental y las dramáticas variaciones en su clima pueden haber evitado la fuerte influencia de la agricultura neolítica y las migraciones que la acompañan y que reemplazaron a los cazadores-recolectores en gran parte de Europa. También han señalado que los Ulchi conservaron su estilo de vida de cazador-pescador-recolector hasta tiempos recientes.
    "Genéticamente hablando, las poblaciones del norte de Asia oriental han cambiado muy poco durante alrededor de ocho milenios", ha apuntado el director del estudio, Andrea Manica (izquierda), de la Universidad de Cambridge, que ha realizado la investigación de manera conjunta con un equipo internacional de colegas del Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología de Ulsan, en Corea; del Trinity College de Dublín y la University College de Dublín, en Irlanda.

    "Una vez contabilizada alguna entremezcla local, los Ulchi y los antiguos cazadores-recolectores parecían ser casi la misma población desde un punto de vista genético, si bien hay miles de años entre ellos", ha añadido este autor del trabajo, que también ha apoyado la teoría del "doble origen" de las poblaciones japonesas modernas, las cuales descienden de una combinación de cazadores-recolectores y agricultores que eventualmente llevaron el cultivo de arroz húmedo desde el sur de China. Un patrón similar también se encuentra entre los coreanos, que están genéticamente muy cerca de sus vecinos japoneses. Sin embargo, Manica ha subrayado que se requieren muchos más datos de ADN del Neolítico en China para identificar el origen de los agricultores involucrados en esta mezcla.
    Foto: Entrada de la Cueva 'Puerta del Diablo'

    ADN de la 'Puerta del Diablo'
    El equipo del Trinity College de Dublín se encargó de extraer el ADN de los restos encontrados en una cueva conocida como 'Puerta del Diablo', situada en una zona montañosa cercana a la costa oriental de Rusia, enfrente del norte de Japón. La cueva fue excavada por un equipo soviético en 1973. Junto con centenares de herramientas de piedra y hueso, madera carbonizada de una antigua vivienda y hierba silvestre tejida -que constituye uno de los primeros ejemplos de materia textil-, había cuerpos incompletos de cinco seres humanos.

    Si se detecta ADN antiguo en restos lo suficientemente preservados, la secuenciación del mismo implica su depuración a través de milenios de contaminación. Las mejores muestras para el análisis procedentes de la Puerta del Diablo se obtuvieron de los cráneos de dos mujeres: una de poco más de 20 años y la otra de 50. El yacimiento en sí se remonta a hace más de 9.000 años, pero se estima que las dos mujeres murieron alrededor de hace 7.700 años.

    Los investigadores fueron capaces de recoger la mayor cantidad de ADN de la mujer de mediana edad y el mismo reveló que probablemente tenía los ojos marrones y el pelo grueso y liso. Casi con toda seguridad carecía de la capacidad de tolerar la lactosa, pero es poco probable que hubiera sufrido de enrojecimiento de la piel por consumo de alcohol (alcohol flush), una reacción muy común en la actualidad entre el 36% de los asiáticos orientales (chinos, japoneses y coreanos).

    Aunque las muestras de la Puerta del Diablo ofrecen una alta afinidad genética con los Ulchi, pescadores de la misma zona que hablan el idioma tungúsico también están cerca de otras poblaciones de lenguas tunguses de la China actual (Siberia del Este y Manchuria), como los Oroqen y Hezhen.

    "Son grupos étnicos con sociedades tradicionales y profundas raíces en el este de Rusia y China, cuya cultura, idioma y poblaciones, están disminuyendo rápidamente", ha detallado la autora principal de la investigación, Veronika Siska (izquierda), también de la Universidad deCambridge.

    "Nuestro trabajo sugiere que estos grupos forman un fuerte linaje genético descendiendo directamente de los primeros cazadores-recolectores neolíticos que habitaban la misma región miles de años antes", ha concluido.

    Fuentes: elcorreo.com | University of Cambrigde | 2 de febrero de 2017
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