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    jueves, 17 de octubre de 2013

    Entrevista a Mohamed Ibrahim, Ministro de Antigüedades egipcio

    Francisco Carrión | El Cairo (Egipto)
    Los últimos años han resultado catastróficos para el patrimonio egipcio. El legado de los faraones, que fascina a la arqueología europea desde el siglo XIX, ha sufrido el expolio y la destrucción mientras el país se hundía en una interminable y azarosa transición política. El arqueólogo egipcio Mohamed Ibrahim es el hombre encargado de detener la sangría. Doctor en Egiptología por la Universidad de Lyon (Francia), ya ocupó la cartera de Antigüedades hasta la última remodelación del presidente derrocado Mohamed Mursi. Ahora vuelve a liderar la protección de los vestigios del Antiguo Egipto con las credenciales de haber sido inspector de los templos de Abu Simbel, Edfu, Kom Ombo y Asuán.

    ¿Qué zonas arqueológicas afrontan un mayor riesgo de ataques?

    Todos los sitios están en riesgo. Debemos estar seguros de que ninguno es asaltado o expoliado y hay que extremar el cuidado. Atravesamos un periodo muy peligroso. La situación no es buena desde la revolución del 25 de enero de 2011. Todos los monumentos están expuestos al saqueo. Aunque es cierto que los incidentes de hace unas semanas se concentraron en el museo de Malaui.

    ¿Qué medidas se han adoptado para afrontar la amenaza?

    Además de trabajar con la policía de Antigüedades y el personal del ministerio, hemos pedido apoyo al ejército para salvaguardar los principales museos como el de Tahrir y los almacenes de piezas arqueológicas en zonas donde se han registrado ataques. Para evitar el expolio, habría que aumentar el número de guardias y equiparles con armas de fuego porque quienes asaltan los monumentos van armados.

    El gran beneficiario de los altercados es el mercado ilegal de objetos arqueológicos..

    Así es. Me preocupa el contrabando pero estamos logrando controlar buena parte de las piezas que fueron robadas del museo de Malai e impidiendo que salgan del país. Hasta la fecha, de las mil piezas que se robaron se han recuperado más de 400. Estamos en contacto permanente con la Unesco y la Interpol para evitar que puedan ser adquiridas por museos e instituciones de todo el mundo.

    La conservación y restauración del patrimonio egipcio depende de los ingresos de un turismo que ha huido. ¿Cuál es la solución?

    No puedo negar que la situación económica es pésima. Por eso he pedido a todas las organizaciones internacionales que nos ayuden con equipamiento y financiación para luchar contra el contrabando. Necesitamos mucho dinero, alrededor de mil millones de dólares para proteger las antigüedades y concluir los proyectos que ya están en marcha. El patrimonio egipcio no pertenece solo a los egipcios. Es propiedad de todo el planeta. Próximamente tendremos un encuentro en París con la Unesco para lanzar una campaña internacional a través de la que reunir fondos.

    Egipto inició hace años una exitosa campaña de recuperación de piezas sustraídas ilícitamente del país. ¿Sigue dando frutos?

    Sí. En el último año hemos recuperado unos cien objetos y estamos trabajando en la devolución de otros. Seguimos además tratando de modificar la convención de la Unesco de 1970 que prohíbe el comercio ilícito de bienes culturales. Queremos formar un grupo de presión con los países que padecen el expolio de su patrimonio y tener voz frente a las naciones que se han beneficiado de este comercio, especialmente europeas.

    Pero la circunstancias actuales no ayudan a recuperar joyas que han sido reclamaciones históricas de Egipto como el busto de Nefertiti expuesto en un museo berlinés...

    El de Nefertiti es un asunto político que depende de una solución política. Claro que la situación interna no está ayudando pero no quiero hablar de eso en estos momentos.

    El Museo de Tahrir, el mayor centro de arte faraónico del mundo, ha sido el más dañado por estos dos años y medios de inestabilidad... ¿Cuál es su futuro?

    Vamos a cambiar su concepto para dedicarlo a los grandes logros de la escultura egipcia, modernizar el sistema de seguridad y exhibición y extender el recinto usando los terrenos anejos que pertenecían al Partido Nacional Democrático (la formación disuelta de Hosni Mubarak). Con la ampliación, el Museo llegará hasta hasta el Nilo. La mayor parte de la colección que ahora exhibe, el tesoro de Tutankamón incluido, será trasladado al Gran Museo Egipcio (GEM).

    El GEM se construye en estos momentos cerca de las pirámides de Giza. ¿La situación política ha afectado al proyecto?

    En absoluto. El trabajo prosigue según el calendario. Contamos con un préstamo de Japón y el complejo debe estar concluido en agosto de 2015. Es una prioridad junto a la apertura del Museo Nacional de la Civilización Egipcia y los museos de Sharm el Sheij y Hurgada (ubicados ambos en el Mar Rojo).

    En los últimos años el deterioro de la tumba de Tutankamón en el Valle de los Reyes ha concitado todas las alertas. ¿Seguirá abierta al público?

    Sí. No hay previsto ningún cierre definitivo. Tenemos además una réplica elaborada en España y nuestro plan es exhibirla temporalmente en Luxor para luego trasladarla al GEM.

    Vía: www.elmundo.es
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