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    miércoles, 19 de abril de 2017

    El enigma de Roanoke sigue sorprendiendo a los arqueólogos

    UN OBJETO DESCUBIERTO HACE 20 AÑOS RESULTA NO SER LO ESPERADO

    Es uno de los misterios arqueológicos más extraños y que ha motivado, incluso, ser el origen para una de las temporadas de la serie American Horror History.

    Es uno de los misterios arqueológicos más extraños y que ha motivado, incluso, ser el origen para una de las temporadas de la serie American Horror History. Ahora, una pieza de joyería encontrada hace 20 años muestra, tras un nuevo estudio, que la supuesta información que se tenía sobre uno de los primeros asentamientos de los colonos ingleses en Norteamérica ha cambiado.

    Hace 20 años, un grupo de arqueólogos que se encontraban trabajando en el asentamiento de la Isla de Hatteras en Carolina del Norte descubrieron un extraño anillo que mostraba la figura de un león rampante. Esta figura heráldica, junto con las declaraciones de un experto local en joyería, al que los arqueólogos llevaron la pieza para su identificación, manifestando que el anillo estaba hecho de oro, llevó a los investigadores a pensar que esta pieza formaba parte del tesoro de la familia Kendall, una de las familias implicadas en los viajes coloniales a Roanoke organizados por sir Walter Raleigh, tal y como declaró el experto en heráldica británica consultado.

    De este modo, los historiadores y arqueólogos atribuyeron al descubrimiento ser una prueba del asentamiento inglés en la zona, tras las expediciones de Raleigh, y que podría ayudar a esclarecer el enigma de la súbita e inexplicable desaparición de los 115 colonos de lo que se conoce como la Colonia Perdida de Roanoke.

    Pero una nueva investigación sobre la pieza llevada a cabo por el arqueólogo Charles Ewen, que llevó el anillo a que fuera examinado a través de una exploración por rayos X en el laboratorio de la Universidad de Carolina del Este descubriendo que el anillo estaba realizado de una aleación de latón, y no reveló ninguna traza de oro.

    El investigador responsable del análisis, Erik Farell, encontró altos niveles de cobre, zinc, plata, hojalata y níquel, la aleación que produce el latón desde períodos relativamente modernos. También afirma que el anillo no ha recibido ningún tipo de baño ni de proceso de dorado que contuviera oro, lo que ha puesto en duda las conclusiones sobre el mismo realizadas en 1998. Para Ewen el anillo es una pieza de bisutería producida en masa en los periodos en los que el comercio con los nativos era habitual, mucho después de la desaparición del asentamiento.

    De todos modos, no todos los investigadores están de acuerdo con la postura de Ewen, lo que ha hecho que de nuevo, se reabra el debate sobre la Colonia Perdida de Roanoke y su enigmática leyenda. Los colonos de Roanoke llegaron en 1587, liderados por John White, y establecieron un fuerte en la isla de Roanoke a 50 millas al norte de la isla de Hatteras, abandonada previamente por un grupo previo de colonos. En el grupo de White, se encontraba su propia hija Eleanor, que dio a luz a la primera americana nacida de padres ingleses, Virginia Dare. White marchó de nuevo a Inglaterra a por más suministros, pero la recién iniciada guerra con España, motivó que su vuelta a Roanoke fuera pospuesta. Cuando finalmente logró volver, tres años más tarde, descubrió que el asentamiento estaba totalmente desierto. La única pista dejada, se supone que por los colonos, fue la palabra Croatoan tallada en un poste. Croatoan era el nombre de una tribu nativa aliada con los ingleses y el nombre que los nativos daban a la isla de Hatteras.

    El anillo fue encontrado por el arqueólogo de la universidad de Carolina del Este, David Phelps, mientras tomaban muestras de un antiguo pueblo indio, fue Phelps el que se puso en contacto con el joyero local Frank Riddick que le dijo que pensaba que el anillo era de oro de 18 quilates. Riddick confirmó que no realizó ningún test de ácido para determinar la presencia de oro ya que Phelps tampoco quería que el objeto sufriera ningún tipo de daño.

    Posteriormente un experto en heráldica determinó que la figura mostrada en el sello del anillo era un león rampante que podría relacionarse con la familia Kendall de Devon y Cornualles. Esto tenía lógica ya que un miembro de esta familia tomó parte en el primer intento de colonización de la zona en 1585 y, posteriormente, en 1586, otro Kendall llegó a Croatoan con la flota de sir Francis Drake. Pese a que no hubo ningún tipo de confirmación arqueológica, el anillo recibió el nombre de anillo Kendall.

    Así, estas dos evidencias fueron las que llevaron a Phelps a considerar al anillo como una prueba documental de que los colonos estuvieron allí, no de una forma total, sino como una pieza que empieza a mostrarnos pistas que autentifican el asentamiento y la presencia de colonos de los primeros asentamientos en Roanoke.

    Muchos investigadores pusieron en duda desde el principio la conexión entre el anillo de Kendall y Roanoke, ya que este anillo apareció junto con una serie de artefactos y piezas datados en el periodo que va desde 1670 a 1720, 100 años después de los viajes del periodo isabelino. Además se han encontrado muestras parecidas de este tipo de anillos de latón en otros asentamientos nativos a lo largo de la costa este de los Estados Unidos.

    Para el arqueólogo de la Universidad de Bristol esto tampoco excluye que el anillo perteneciera a algún colono de Roanoke. Para Horton, el latón empieza a realizarse en esa época, tal y como muestran algunos otros ejemplos de bisutería y podría haberse encontrado en excavaciones posteriores ya que, muchas veces, anillos y otras piezas de joyería, se pasaban de padres e hijos como forma de legado familiar, algo que podría haber ocurrido con el anillo. Horton afirma esto tras haber descubierto en las excavaciones realizadas en Hatteras, gracias a la Sociedad Arqueológica Croatoan, varias piezas del período isabelino como el guardamanos de una espada ropera y piezas metálicas que servían como enganches y adornos para la ropa, lo que sigue mostrando arqueológicamente la presencia de colonos en Croatoan. Para Horton, si los colonos de Roanoke se trasladaron a Croatoan, como el nombre en el poste indica, se llevarían con ellos sus objetos de valor. Después de varias generaciones y una vez asimilados con los nativos, las posesiones de sus ancestros podrían haber sido arrojadas por gastadas e inservibles. "Oh, ahí está la vieja espada del abuelo oxidándose", dice Horton. "¿Por qué seguimos conservándola?", del mismo modo que hacemos hoy en día con las cosas antiguas a las que no damos valor.

    Horton mantiene esta teoría tras haber encontrado evidencias en Hatteras de que los nativos cazaban con rifles ya en 1650, lo que les provocó un cambio en la dieta, que pasó a incluir más carnes rojas y menos pescado y marisco como anteriormente cuando sólo disponían de arcos y lanzas. Este avance tecnológico tan temprano puede dar indicios de que hubo presencia inglesa previa a la segunda ola de colonización a finales del siglo XVII, ya que el salto tecnológico va más allá de una generación.

    Para el arqueólogo Charles Heath, que estuvo con Phelps durante el descubrimiento del anillo, la teoría de Horton está un poco forzada, ya que objetos como esos podrían haber sido usados, intercambiados, usados como objetos de comercio, perdidos o lanzados por sus propios dueños durante muchos años, lo que no indica que la aparición de uno de ellos sea la prueba de que se haya encontrado a la Colonia Perdida de Roanoke. Horton afirma que parte de lo que dice Heath podría ser cierto y que los nativos Croatoan podrían incluso haber adquirido piezas de Jamestown, la colonia posterior en Virginia, al norte de Croatoan. Casquillos, monedas y trozos de cristal encontrados en la excavación tienen indicios de formar parte de ahí, pero eso no le hace abandonar la búsqueda de la pieza de confirmación que muestre el paradero de la Colonia Perdida, algo que hasta ahora parecía revelar el anillo Kendall.

    Así, las investigaciones por descubrir a la Colonia continua con los trabajos de un grupo de expertos a 50 millas al oeste de la isla de Roanoke que han afirmado haber descubierto objetos de cerámica y de metal que podrían asociarse a la Colonia Perdida. Estas excavaciones se iniciaron cuando se descubrió en 2012 un parche de tela que mostraba la imagen de un fuerte en un mapa atribuido a John White. Este descubrimiento tampoco es resolutivo ya que no es descartable que perteneciera a asentamientos posteriores realizados durante la segunda ola.

    Vía: Columna Cero
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