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    lunes, 21 de agosto de 2017

    Tras los pasos de los últimos neandertales en Barrika (Vizcaya)

    Joseba Rios-Garaizar, a la izquierda, explica el trabajo en Aranbaltza-3 a los participantes en una visita organizada por el Museo de Arqueología de Vizcaya. / PEDRO URRESTI

    Clanes de neandertales vivieron hace entre 90.000 y 42.000 años a orillas del arroyo Urgozo, en Barrika (Vizcaya). Eran nómadas. Se establecían en un lugar durante semanas o meses y, cuando los recursos empezaban a escasear, trasladaban el campamento a otro sitio, dejando tras de sí todo tipo de restos. Cazaban ciervos y bisontes; recolectaban frutos, tubérculos y moluscos; usaban el fuego para cocinar y calentarse; tallaban sofisticadas herramientas de piedra. Hasta que se extinguieron hace unos 30.000 años, poco después de la llegada de nuestros antepasados desde África. Ahora, un equipo de arqueólogos intenta desentrañar en el yacimiento de Aranbaltza, en Barrika, cómo eran los últimos neandertales, en un proyecto de investigación financiado por la Diputación de Vizcaya.

    «Siempre se ha dicho que eran una especie humana con muy pocas capacidades intelectuales y técnicas, que se adaptaba muy mal a los cambios en su entorno. Lo que vemos aquí y en otros yacimientos es que no es así. Los neandertales tenían formas de vida muy variadas, que cambian a lo largo del tiempo», explicó ayer Joseba Rios-Garaizar, del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana y director de las excavaciones, a los participantes en una visita organizada por el Museo de Arqueología de Vizcaya.

    «Con visitas como esta queremos demostrar a la gente que las piezas arqueológicas carecen de sentido fuera de sus contextos. Nuestro museo es especial. No exponemos obras de arte, sino documentos históricos que no son solo los materiales, sino también los estratos, los contextos de los que proceden», dice el arqueólogo Iñaki García Camino, director del centro.

    El arqueólogo Joseba Rios Garaizar.

    Aranbaltza está en terrenos de lo que fue una cantera que se llevó por delante buena parte de la historia del lugar. El yacimiento lo encontró Iñaki Libano, un getxotarra que desde los años 70 ha descubierto 65 enclaves arqueológicos en Uribe Kosta. Cuando en 2003 se abrió en la zona una zanja para una tubería de saneamiento, se acercó para ver si, como ya había pasado otras veces, las excavadoras habían sacado a la luz herramientas de piedra. «Al fondo de la zanja, vi unas puntas chatelperronienses», recuerda Libano, que ayer recuperaba restos vegetales de hace 90.000 años al fondo de Aranbaltza-3, el sector donde los arqueólogos han trabajado este verano. El Chatelperroniense es la cultura de los últimos neandertales. Se desarrolló hace entre 45.000 y 32.000 años, y se caracteriza por unas puntas tecnológicamente muy avanzadas. «Estamos en el único yacimiento chatelperroniense al aire libre de la Península Ibérica», destaca Rios-Garaizar.


    Un refugio en la playa

    En Aranbaltza-2 se han encontrado más de 3.500 piezas chatelperronienses de hace unos 42.000 años. «Son las herramientas que fabricaban aquellas gentes. Creemos que esta zona era un sitio en el que tallaban sílex, pero en el que también descuartizaban animales, trabajaban pieles...». Lo sofisticado de la técnica de talla lleva al director de las excavaciones a pensar en una cierta división del trabajo. «Las puntas de Chatelperron exigen para su fabricación un importante conocimiento técnico. No las podría hacer cualquiera. Eso nos está hablando de especialistas en talla».

    A pocos metros, pero ya hace entre 65.000 y 55.000 años, Aranbaltza-1 era una playa fluvial en la que aquellos humanos construyeron al borde del Urgozo estructuras para vivir más cómodamente, como haríamos nosotros. «Tenemos restos de hogares -círculos de piedras alrededor del fuego-, muretes que levantaban con bloques de basalto de 50 kilos para protegerse del viento -que pueden formar parte de cabañas- y grandes lajas de arenisca. Encima de una de ellas encendieron un fuego. Pensamos que lo usaron de algún modo para aislarse de la humedad de lo que era una playita. Yacimientos neandertales con estructuras hay una docena en Europa y en la cornisa cantábrica, ningún otro».


    Excavación de las ocupaciones del paleolítico Medio en el sector I de Aranbaltza (Foto: Joseba Rios-Garaizar).


    Si en Aranbaltza-2 había piezas chatelperronienses, «aquí había un montón de núcleos Levallois, de los que se sacan lascas muy regulares, muy finas y muy bien hechas. Creemos que estamos ante otro taller». La causa de la intensa actividad de talla en la zona es el sílex de los acantilados de Barrika, que funciona como atractor de los neandertales y que se ha encontrado en yacimientos a más de 150 kilómetros.

    En Aranbaltza-3, una charca de inundación en la margen del río, los arqueólogos han descubierto también algo extraordinario: materia vegetal de hace 90.000 años asociada a restos de herramientas. «Nos permite saber qué vegetales podían comer y tenían a su disposición». En un sondeo hecho cerca de la actual zona de excavación, han encontrado una punta de madera trabajada, una pieza única que están estudiando. «Los neandertales no eran unos brutos. En Aranbaltza, estamos viendo un registro cultural al que lo único que le falta para ser igual que el nuestro es manifestaciones simbólicas evidentes, arte», concluye Rios-Garaizar.

    Fuente: elcorreo.com | 19 de agosto de 2017
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